El Balón de Oro y el claroscuro Champions League-Mundial


El Balón de Oro es un reconocimiento individual otorgado por la revista francesa especializada en fútbol, France Football. Se entrega anualmente y premia al mejor futbolista de la temporada en Europa. Tanto por tradición- fue creado en 1956-, como por credibilidad, este galardón es reconocido como el de mayor prestigio mundial, por encima del novel Fifa World Player. Sin embargo, desde su creación hasta 1995, el Balón de Oro estaba destinado sólo para jugadores nacidos en Europa, lo que privó a grandes como Maradona o Pelé de ganarlo. Hoy día, el premio está dirigido para cualquiera que milite en un club europeo y ya ha tocado suelo americano y africano.

Los criterios para la elección del ganador están claros. El más importante: considerar las actuaciones individuales y colectivas (palmarés del equipo) durante el año entero. Así, pues, es evidente que la idea es elegir al mejor. Y no es imposible. Primero, porque la temporada es larga, así que los futbolistas más destacados- y constantes- de la temporada suelen quedar a la vista de todos. Segundo, porque el valor de la actuación de un jugador está directamente relacionado con el prestigio de la competición en la que se desenvuelve. Por lo tanto, es natural que quienes destaquen en alguna de las cuatro ‘grandes ligas’- Inglaterra, España, Italia y Alemania- ganen enteros de cara a la elección. No obstante, si de prestigio se trata, nada como la competición que reúne a los mejores del continente, la Liga de Campeones de la UEFA. Y es que es normal que el Ballon d’Or acabe el placard del futbolista más determinante en la disputa por la popular orejona, es decir, el que coleccione más y mejores highlights bajo las notas del palpitante himno del torneo.

Es lo normal, decía, menos aquellas temporadas en las que La Champions no brilla tanto, o al menos no tanto como el Mundial. Cada cuatro años, la trascendencia del Mundial se refleja en el fútbol europeo, cuya estructura de hierro se tuerce un poco, imantada por la cercanía del gigante campeonato veraniego. Esto se traduce en, por ejemplo, jugadores administrando fuerzas en sus clubes para dejarlo todo con sus selecciones; o un agitado mercado de pases, con futbolistas en búsqueda de oportunidades para lucir ante su seleccionador. Todo ello mas un sinfín de consecuencias a nivel logístico y de calendario. Y sí. Desde luego, la enorme influencia del Mundial también se refleja en la elección del Balón de Oro. Así, el que está concebido como el premio a toda una temporada, termina dependiendo de lo sucedido en 7 partidos -los que debe jugar la selección que se proclame campeona del mundo. Con el Mundial en la retina de los especialistas de France Football, la constancia y el talento dejan paso a otras virtudes, como el oportunismo y la capacidad de destacar bajo presión. Lo que sucede es que la copa del mundo no acostumbra a ser una continuación lógica de lo acontecido en la larga temporada, lo que acentúa el contraste entre el mejor jugador del año y el más importante.

Ya ha ocurrido.

De no elegir un criterio firme, el Balón de Oro corre el riesgo de evidenciar el claroscuro notorio entre la temporada europea y el Mundial. Sucedió en 2002, cuando Zidane jugó su mejor año con el Madrid y marcó el mejor gol que se recuerde en la historia de las finales de la cita continental. Sin embargo, dos meses más tarde, fue apeado de la primera fase de la copa del mundo, jugando para una decepcionante Francia. Ese mismo año, Ronaldo volvió- apenas jugó en el Inter- para marcar 8 goles con Brasil y tocar el cielo después de un calvario de lesiones. El brasileño acabaría siendo el elegido. También ocurrió en 2006, cuando Ronaldinho condujo a un magnífico Barcelona que ganó la Liga y la Champions en París.

Luego, en el mundial de Alemania, Ronaldinho y la archi-favorita Brasil fueron eliminados en cuartos de final ¿El Balón de Oro de ese año? Para Cannavaro. Jugó el campeonato de su vida y empujó a Italia hacia un título que pocos imaginaron semanas antes. Todo ello después del estallido del bochornoso Calciopoli y de una discreta actuación de los clubes italianos en Champions.

¿Qué esperar, entonces, esta temporada?

Messi marcó 47 goles y jugó más de una decena de partidos a nivel superlativo, pero ya hay quienes pretenden reducir su espectacular año a lo que haga con la cuestionada argentina de Maradona en Sudáfrica. Lo mismo con Robben, Sneijder o Milito, quienes jugarán la final de la Liga de Campeones este 22 de mayo. Y como ellos, Cristiano Ronaldo, Xavi, Rooney y muchos más. Millones. Esperando el mundial.

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